La Naturaleza no parece injusta ni justa, sino creadora. No da señales de conocer la sensibilidad humana, el odio ni el amor: infinito vaso de concepción; divinidad en interminable alumbramiento; madre toda seno y nada corazón: crea y crea para destruir y volver a crear y volver a destruir. En soplo desbarata la obra de mil y mil años, no ahorra siglos ni vidas, porque cuenta con dos cosas inagotables: el tiempo y la fecundidad. Con tanta indiferencia mira el nacimiento de un microbio como la desaparición de un astro, y rellenarla un abismo con el cadáver de la Humanidad para que sirviera de puente a una hormiga.
(De «La muerte y de la vida» Pag. libre.)
El filósofo no ama la vida como un bien, ni la odia como un mal: la acepta como un hecho, la estudia como un fenómeno. Tratemos, pues, de vivir como filósofos, retirándonos resignadamente de la escena cuando el dedo de la muerte nos indique la hora de partir. Pensemos que a la inmortalidad poseen tanto derecho como nosotros el animal y la planta, que la Naturaleza no ajusta sus leyes a nuestras concepciones umbrales, que el Universo no fui creado para la Tierra ni la Tierra para el hombre, que la Humanidad y el planeta desaparecerán un día sin que el Universo se resienta de la desaparición. Millones de años giró la tierra sin que en ella respiran un hombre, millones de años seguirá girando después que toda voz humana haya enmudecido eternamente: no obsta para disfrutar como nuestro el aire que nos prestan por unas
vararse mañana.
(Inédito. De Qué hacer en Nuevas páginas libres, en prensa.)
Escepticismo no significa absoluta sino, más bien, una triple serie deafirmaciones: afirmación del pro, afirmación del contra y afirmación de la igualdad entre las razones contrarias. Para evitar el engaño nada mis cuerdo que mantener el juicio en suspenso. Donde faltan las pruebas irrefragables, la prudencia estriba en dudar: la duda representa la situación más luminosa del alma, el estado en que de todos ladro recibe diferentes luces, no dejándose deslumbrarpo ninguna. Sin embargo, para el vulgo de los intelectuales, el hombre que no niega ni afirma en un Aquiles de ambos talones vulnerable.
(Inédito. De «Un rato de filosofía» en Nuevas páginas Ubres, en prensa.)
¡La vida…! , ¡La muerte!, Platón, después de medio siglo de meditaciones y desvelos, supo tanto sobre la vida y la muerte, como sabe hoy el labrador que mece la cuna de sus hijos o se reclina en la piedra que marca la fosa de sus abuelos. Pasaron siglos de siglos,pasarán nuevos siglos de siglos y los hombres quedaremos siempre mudos y aterrados ante el secreto inviolable de la cuna y del sepulcro. ¡Filosofías! ¡Religiones! ¡Sondas arrojadas a profundizar lo insondable! ¡Torres de Babel levantadas para ascender a lo inaccesible, Al hombre, a este puñado de polvo que la casualidad reúne y la casualidad dispersa, no le quedan más que dos verdades; la pesadilla amarga de la existencia y el hecho brutal de la muerte.
(En «Discurso en el entierro de L.s Márquez» en Páginas libres.
Manuel Gonzales Prada (Poeta y pensador Peruano)














