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Guillermo Descalzi: La fugacidad de la existencia

Posted by Muladar News on Feb 20th, 2010 and filed under Blog Muladar News. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response or trackback to this entry

guillermo_descalzi Hoy, disgustado con el acontecer de Washington, me pongo a escribir de otro tema, más afín a mí. Sucede que todos, to-di-ti-tos, somos tablistas a la cabeza de la ola más grande que jamás haya existido en este universo, la ola del espacio-tiempo. El espacio y el tiempo son como el agua y el hielo. Uno fluye y el otro pareciera que no, parecen diferentes pero son la misma cosa en diferente condición.

El existir, la existencia, aquello a lo que le llamamos nuestro “universo”, es aparentemente inmenso, casi infinito porque nunca hemos podido ver un final en el espacio, ni con los más modernos telescopios. Es inmenso, sí. El espacio es inmenso en ancho, altura y profundidad, inmenso en las tres dimensiones espaciales, pero es sumamente extra súper delgado en su cuarta dimensión, la dimensión del tiempo. En su cuarta dimensión el espacio entero, y el universo en su totalidad, existen sólo por un instante y nada más.

Eso es todo lo que abarca la existencia: sólo un instante. Lo que acaba de pasar ya no es, y lo que todavía no es… tampoco es. El universo es inmensamente grande y fugaz… a la vez. El tiempo del existir tiene la misma duración que el centelleo de una luz. Nada más. La aparente profundidad de nuestra cuarta dimensión, el tiempo, es una ilusión en la que creemos porque nunca nos desmontamos en vida de la cabeza de la ola del espacio tiempo en que viajamos como tablistas astrales, una ola súper delgada y súper rápida de espacio tiempo, mucho más rápida y muchísimo más arrolladora que diez mil millones de mega tsunamis, y allí, en la cabeza de ese caos, viajamos todos en aparente tranquilidad. No nos damos cuenta de la gran turbulencia que nos empuja.

Vivimos en el verdadero límite exterior de la existencia. Más allá no hay nada, y atrás lo que queda es sólo el el fragor de lo que la ola dejó, el fantasma de una realidad que fue y ya no es más. El Espacio es la extensión de la ola, de un lado al otro. El Tiempo es su grosor, de atrás a adelante, y ese grosor es ínfimo, súper mínimo. La existencia es como un doughnut delgadito. Tiempo y espacio viajan los dos a la misma velocidad, la de la luz.

El “grosor” del espacio tiempo, la “profundidad” de la existencia, es una función de la velocidad de la luz. Según el cálculo más cercano, la luz en el vacío se desplaza a 300 mil kilómetros por segundo. Por lo tanto el instante, en términos métricos, debería durar un segundo entre trescientos mil, pero en realidad hay cámaras que han logrado capturar instantes tan pequeños como millonésimas de segundo.

Somos casi un fantasma. La existencia casi no existe. Sólo existe por unas millonésimas de segundo. Nada más, todo el resto es ilusión, pero es ilusión que se basa en tres características. La primera característica es la interrelación de tiempo y espacio. Tan interrelacionados están que confundimos la profundidad del espacio con profundidad de tiempo. La segunda característica de esta ilusión es la continuidad espacial. El universo tiene gran profundidad temporal aparente porque tiene continuidad espacial y eso nos lleva a creer, como tablistas existenciales, que estamos en un mar inmenso… cuando en realidad no hay nada adelante ni nada atrás… El presente se va haciendo y deja de ser tan pronto fue.

La otra razón de la aparente profundidad temporal de la existencia es que somos muy lentos de percepción. El instante inmediato ya pasó. Pasó hace millones de millonésimas de segundo, pero nuestra percepción todavía está pegada a ese instante, y a varios más, ya pasados, amontonados como montañas y cordilleras de instantes que se alzan ante nosotros.

a combinación de la interrelación del espacio-tiempo, la continuidad espacial, y la lentitud de nuestro percibir hacen que la existencia nos parezca bien sólida, cuando en realidad no es más que un destello de una inmensa ola en movimiento. La ola es una membrana súper delgada con la profundidad de un instante temporal. Es una membrana vibratoria. Es vibración en expansión, y en la superficie de esa membrana vibratoria se desarrolla toda la existencia, espacio y tiempo.

En mayor o menor grado todo se reduce a vibración. La materia es vibración encapsulada. La energía es vibración liberada. El espacio es vibración en tres dimensiones. El tiempo es vibración en cuarta dimensión. No son las únicas dimensiones. Hay dimensiones y vibraciones microcósmicas y dimensiones y vibraciones macrocósmicas que escapan totalmente a nuestra percepción, pero que también existen… por un instante. Hay dimensiones microcósmicas sobre las que se alza la existencia, y dimensiones macrocósmicas que la enmarcan. Allí está toda esa materia y energía negra que buscan los astrofísicos de hoy. En todo caso: la fugacidad de nuestra existencia es más real de lo que pudiésemos imaginar, y ante todo esto, ¿qué importa Washington?

Guillermo Descalzi: Para el Nuevo Herald

el_principe

Guillermo Descalzi descendió a los infiernos desde la cima. Después de tener todo lo que muchos sueñan: fortuna, éxito, influencia, fama, el cariño y la admiración de miles de personas, una carrera brillante entrevistando presidentes, conduciendo programas en las cadenas televisivas (Univisión) y como corresponsal de guerra, su vida se tambaleaba. Las drogas y el alcohol, sus supuestos aliados para mantener su imagen, lo precipitaron en un torbellino de egoísmo tiránico y agresividad que repercutió en todos los aspectos de su vida.
El príncipe de los mendigos es la visión personal de la verdad de Guillermo Descalzi. Tras diez años de práctica exitosa del periodismo televisivo como figura latina que había alcanzado el “sueño americano”, se lanza a la calle a mendigar, rompiendo tajantemente con su “pasado”. Ésta es la historia de un viaje espiritual, un reencuentro, una caída infestada de demonios internos y el renacimiento desde una grieta profunda.

Biografía

Guillermo Descalzi nació en Perú en 1947. Estudió Educación en la Universidad Católica de Lima, y posteriormente en el Canisius College, en Bufalo, Nueva York, y en el State University College of New York. Tiene una maestría en educación, pero ha dedicado su vida profesional al periodismo desde 1975. Antes de ese año trabajó como maestro en el Colegio Santa Margarita, en Lima.


 

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