Amar al Perú en su toda mixtura cultural no nos hace chauvinista, al mismo tiempo sentir complacencia insólita ante la premiación de una película que por todas partes me parece un exagerado disfraz de un Perú (que tampoco existe) no me hace antipatriota. Celebren Uds. que yo tengo que salir a comprar el pan.
El siguiente es un artículo de César Hildebrandt
Domingo de teta y sustos
Hace unos días hice lo que había aplazado durante largos meses: ver “La teta asustada”, la película peruana más exitosa y reconocida de todos los tiempos, una obra que, sin ninguna duda, debe tener méritos y excelencias que este columnista, por alguna razón entre las que no se encuentra la cicatería, no pudo (o no supo) encontrar.Como alguna vez he confesado, soy un viejo cinéfilo que ha pasado grandes momentos de su vida viendo películas de todos los estilos, todos los géneros, todos los directores y todas las calañas.
Me había resistido a ver “La teta asustada” porque temía que no me gustara (“Madeinusa” me había parecido un buen intento fallido) y porque, si así sucedía, tendría que escribirlo y no callarme como hacen tantos a la hora de mirar la dirección de los vientos.
Y al no callarme –pensé- tendría que enfrentar el callejón oscuro de los adocenados y los nacionalistas del culo que están viendo “antipatriotas” hasta en la sopa (en la sopa de Acurio por ejemplo, que es, como se sabe, sagrada).
De modo, que compré “La teta asustada” en una versión formal –soy de los que jamás compra piratería: no soy un “peruano cabal”- y la vi. Quiero decir, la vimos.
Cuando aparecieron los créditos finales no sabía a qué espectáculo había asistido: ¿era sólo una mala película o era el resumen más brioso de la huachafería vagamente progre y de exportación, esa que PromPerú podría auspiciar junto a algunas ruinas sobreestimadas?
Vamos a ver. Los actores de “La teta asustada” no son buenos y al no ser buenos no sostienen una historia hiperbólica que hubiera requerido un registro realista que compensara tanto exceso. ¡Y es que el realismo incluye también lo actoral y eso es algo que el cine sudamericano, con algunas excepciones, no logra entender!
La fotografía de “La teta asustada” combina las postales distantes, los planos abiertos de un observador frío, con algunos primeros planos voluntaristamente dramáticos y sin sentido y con encuadres gaudianos, retorcidos y amputadores. ¿Fue un aporte al cubismo que hubiese brazos cortados, contraplanos a media caña, manitas sin antebrazos, codos sueltos?
La película es un tour para catalanes y berlineses perversones en torno a un país trágico que Claudia Llosa se ha empeñado en hacer cómico (y, claro, así, en clave de humor negro y de sal gruesa, elude rozar siquiera el origen de todo: la raíz social no de la papa sino de la injusticia y la escisión social).
Como comedia varias veces involuntaria, “La teta asustada” es prodigiosa. Que un ginecólogo le diga al tío que recomendará “otro anticonceptivo” a la niña que tiene una papa en la vagina –dando por hecho que el tubérculo cumple esa función- es como para sonreír.
Que una ricachona tenga su palacete junto a un mercado del Perú profundo –realidades encarnizadamente enemigas separadas apenas por una puerta eléctrica-, ¿es una manera de ahorrar platós, agudizar las contradicciones o hacer una caricatura abreviada y en pocos metros cuadrados del Perú?
Que esa misma señora le diga a la protagonista que tome asiento cuando ésta ya está sentada, no es una distracción de vieja pituca: es la enésima tontería de un dialoguista empeñado en construir personajes oligofrénicos.
La señorita Llosa es una militante del realismo mágico, pero tiene un problema: no es García Márquez; es, más bien, la secretaria visual de Isabel Allende.
De allí, de ese almacén ingenuo de realismo mágico en versión “Coquito” salen, en desfile continuo, el barco que va a cruzar un túnel más estrecho que su diámetro y su altura, la poda con tijerita de uñas de la papa intravaginal, la venta de ataúdes con escudos futbolísticos para hinchas del más allá, el hecho de que la señorita Solier se desmaye y sea intervenida en un quirófano mientras mantiene en una mano crispada un puñado de perlas, los matrimonios masivos sin alcalde, la santa conservación inodora de un cadáver de varios días, el rostro aceradamente inmóvil y casi enyesado de la señorita Solier en su papel de víctima de la teta, la transformación repentina e inconvincente de la señora pianista luego de su concierto.
Todo folclórico y apretado, todo hecho para arrancar exclamaciones de risas, horror y condescendencia entre europeos culposos, oenegistas con mucho millaje y amantes del exotismo.
Y casi todos los personajes de la película exhiben una estupidez cacasena -¿de origen viral, hereditario, antropológico?-, como aquella novia que, teniendo un vestido con una cola de varios metros, está descontenta porque quiere más tela para más cola y que termina, como idiota mayúscula, subiendo al podio inverosímil que Claudia Llosa le ha puesto, no por los peldaños “majestuosos” de aquel armatoste de cartón sino por una escalera de albañil desde la que está a punto de caer.
“La teta asustada” no es una mala película porque retrate con saña de turista pronazi las miserias y pellejerías de la pobreza urbana de Lima ni aluda, con enorme timidez, a las fechorías que sufrieron nuestros campesinos de manos de terroristas y militares. Es mala porque cinematográficamente es un desastre.
La historia no te la crees –no porque sea irreal sino porque está mal contada-, los actores recitan muchas veces frases sin sentido, la señorita Solier canta cuando no debe –es decir, admitámoslo: casi siempre- y hay empalmes que no se explican, lentitudes que nada aportan, destellos visuales –la señorita Solier con una flor en la boca, el despegue de un artilugio impulsado por helio- que terminan por desbaratar la poca lógica interna que le quedaba a la ficción.
El Perú cambió el mundo con el aporte de la papa ancestral. Esta papa intravaginal y casi hidropónica, física y simbólicamente inmunda, no cambiará la historia del cine.
Sé a lo que me expongo con estas líneas. La verdad es que importa un ardite. Peor hubiese sido sumarme al coro extasiado y patriótico de los que creen que el honor nacional está en juego en la ceremonia del Oscar.
Ni conozco ni envidio ni siento nada por la señorita Llosa. Es más, espero que gane el Oscar y que lo disfrute. Pero eso no me impide decir lo que pienso. Tampoco le temo a sus primos fulminantes ni a sus tíos mitológicos ni a sus vínculos especiales con el agitprop ibérico.
Me alegra que haya tenido la suerte de contar con tantas anuencias internacionales y con tantos píos silencios domésticos. Pero de allí a decir que “La teta asustada” es una “gran película”, como la tetudez colectiva ha impuesto aquí y con letras de neón, hay tanta distancia como la que va de la alfombra roja del teatro Kodak a la posteridad de veras bien ganada.















Coincido con Hildebrandt. noes la mejor pelicula peruana que se halla hecho. y si por algo a sido premiada en Berlin es por vision exotica y comica del poblador peruano. Ademas, que la TETA ASUSTADa sea las mas premiada no es tan allegado ala verdad. Es tipico de nosotros exagerar las cosas tanto que nos lo creemos. LaCINTA BLANCa ai com a estan por encima d ela TETA en premios y honores. ejemplo. el Globo de Oro fue para La Cinta BLanca y el Goya lo gano El Secreto de sus Ojos.
Efectivamente, es mala o de baja calidad. Lo digo como espectador no especializado, pero con suficientes neuronas para darme cuenta. Es mala a mi parecer porque propone el drama psicopatológico de una joven andina que podría ser real, que podría tener un sustento psicosocial, pero que la película no aporta mínimamente al entendimiento del caso presentado y nos obliga a suponer que debe ser un caso de tantos y que, seguramente, así se le denomina a este “síndrome traumatico” en la región andina. Pero y si es pura ficción, como también dicen, mayor razón aun para darle verosimilitud al cuento aportándonos algúnos indicios del origen del mismo en ese universo ficcional. Simplemente nos entregan un raudo dialogo entre el tío de la Chica y el médico en donde los paradigmas explicativos folclóricos del tío y científicos del médico chocan y no se oyen y la vida de protagonista “traumada” transcurre como debemos suponer debe ser en estos casos. No hay ni diálogos internos o diálogos en off o diálogos de terceras personas o, creo que se dice, flash backs que nos acerquen a una comprensión más fina del mismo y podamos decir: ah, por eso es que la chica esta traumada, ahí y así comenzó todo en ella. Por eso es que ante tanta orfandad argumental uno se queda fastidiado y aburrido de ver pasar tantas escenas que pretenden henchirnos con el drama presente, pero sin la necesaria perspectiva histórica del caso que le de verosimilitud e interés.
La teta asustada no gano el Oscar.
Sin embargo, pienso que fotograficamente es bella. Los planos son oniricos y para conocimiento del periodista, la escena del barco atascado en el tunel no fue planeado, fue un incidente que la produccion encontro camino a la locacion y que la directora acertadamente filmo, otorgandole a la escena un verso mas, ambiguo, estetico que aporta a la narrativa visual.
La actuacion de Solier es precisa, efectiva y sensible.
La teta no degrada la realidad social de la Lima de clase baja, sino mas bien encuentra el punto exacto en el cual somos capaces de reirnos de nosotros mismos y aceptarnos como tal. Cosa que el seudo critico de cine es incapaz de hacer ya que la arrogancia no se lo permite.
La papa en la vagina es solo una metafora que para mi sugiere el trauma de la violacion. El film no hace referencia directa ni al terrorismo ni a los sinchis (ejercito peruano). Esta ultima es una deduccion del señor Hildebrandt.
Quizas en este punto es donde se encuentre mi critica a su columna “Domingo de teta y sustos”. El señor Hildebrandt dista mucho de ser un critico de cine y se queda bien varado en las aguas del periodismo.
Se respeta la opinion, al final hablamos de arte y de subjetividad. Si la pelicula no te gusta, se acabo.
Sin embargo, la Llosa y compañia se han hecho de una carrera prometedora y no fue gratis. Aunque la tilden de “ricachna”, habria que recordar que el que escribe la columna en cuestion tampoco es pobre y no por eso se le califica como un mal periodista. Es prejuicioso.